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2da Edición

febrero 14, 2012

El Gobierno nac&pop discrimina



Un valioso funcionario cristinista declaró que no aumentar entre un 120 y un 150% los sueldos de los legisladores implicaría dejar la política a los ricos o a los ladrones. En una definición sociológica de profundo contenido humanista, Julián Domínguez, ex ministro de la Nación hoy diputado nacional, sintetizó el concepto que el kirchnerismo tiene del ser humano: en cada hombre existe un delincuente en potencia y su aparición depende únicamente de las circunstancias.

“El ladrón cree a todos de su misma condición” dice la sabiduría popular y nunca mejor empleada la cita que para encuadrar el episodio. Tal vez podría caberle igualmente apropiado aquello de “A confesión de parte, relevo de prueba”; lo cierto es que la banda gobernante no sólo no teme la exposición de sus arbitrariedades sino que sale a bancarlas y para eso, se muestra en todo su esplendor.

Pero lo dicho, además de una barrabasada,  es una falacia porque de ello se deduce:

a)      Que los ricos no roban

b)      Que los pobres roban inevitablemente

c)       Que la ocasión hace al ladrón

d)      Que la salida a la pobreza para cualquier argentino es exclusivamente el robo

e)      Que la conducta o la inconducta no dependen de los principios de cada uno sino apenas de las circunstancias

 Llamen al INADI con carácter de urgente. El diputado Domínguez  acaba de señalar a los pobres con el dedo y acusarlos explícitamente de ladrones en potencia. Es de esperar que los diputados que dicen rechazar el aumento denuncien esta flagrante discriminación. No vaya a ser cosa que un puñado de oportunistas hagan prensa  intentando suavizar la mala imagen que la población tiene de ellos en conjunto, y a fin de mes se emplumen los 35.000.

Está claro que los pobres y los chorros son la debilidad de Cristina. Ambos grupos han crecido de manera exponencial durante los últimos años y las autoridades no tomaron nota ni hicieron nada al respecto. Es imposible ocultar la tolerancia infinita que demuestra esta administración por los delincuentes y el cariño conmovedor por los pobres y describir de ese modo a los protegidos de Cristina no estuvo bueno. Qué fea actitud para un nac&pop K. La presidente debe estar pensando que las declaraciones del ministro fueron “too much”.

febrero 07, 2012

Con "M" de Moyano y de Malvinas


Estuve rastreando las declaraciones de Néstor y Cristina Kirchner sobre Malvinas de los últimos 30 años, en las épocas en que ocuparon cargos públicos: intendente, gobernador, diputados o senadora  y hay un vacío similar a sus dichos sobre la guerra antiterrorista. Entre los dichos desaparecidos de la pareja hay que incluir a las Islas. Ni una palabra. Esta es una comprobación empírica de que ambos temas no constituyeron parte de sus desvelos durante unas cuantas décadas de sus respectivas militancias políticas. Ojo, nadie dice que las personas no puedan cambiar. De hecho el súbito delirio por la causa de Hebe de Bonafini que demostró Kirchner después de ser elegido presidente puede equipararse al de Cristina por la soberanía de las Malvinas. Y sus tardíos intereses hasta podrían ser legítimos. Pero que nadie intente negar que, hasta entonces,  ninguno de los dos se había desvelado por esas cuestiones.
En los miles de análisis que se leen sobre el devenir político argentino suele olvidarse el componente filosófico que inspira al kirchnerismo: "una sociedad sin antagonismos es imposible" dice Ernesto Laclau, su autor de cabecera. Para él (fundador del post-marxismo) como para ellos, la confrontación es una necesidad; entonces, considerar un problema la cantidad de frentes que el Gobierno abre, es un error. Es más, están más fuertes que nunca.
Existe otra comprobación casi infantil por lo sencilla, y es reconocer que cada uno de los conflictos en curso eran evitables o, lo que es lo mismo decir, pudieron no ocurrir por lo que cabe deducir que fueron provocados. 
Tanto la soberanía de las islas Malvinas como el tire y afloje entre gobierno y sindicatos son temas de larguísima data. Transformar ese status en una coyuntura súbitamente confrontativa es una elección política de la actual administración cuyas intenciones trataremos de develar.
El primer caso se inscribe dentro del complejo de inferioridad que carga la presidente sobre sus hombros y que se relaciona con aspectos mitad personales, mitad políticos. El abuso de las marcas como la necesidad de ostentación económica (convertidos los Kirchner en verdaderos coleccionistas de propiedad horizontal), la enojosa costumbre de mostrar el poder (además de ejercerlo), su tic abrumadoramente autorreferencial y las demostraciones de rencor hacia determinados grupos sociales coinciden con el estereotipo de quien está incómodo dentro de la piel que le tocó en el reparto. Porque uno puede cambiar de saco pero no el pellejo. 
El rencor por el Reino Unido y su pomposa monarquía imperial  como la bronquita por el alucine que provoca Manhattan a todo individuo que tiene la dicha de contemplar el Hudson de cerca son reacciones incontrolables y mucho más fuertes que la racionalización política de un despojo territorial. Para colmo y por el mismo precio, las muestras de desdén por nuestra presidente y sus opiniones vienen han llegado en idioma inglés y conservador, dos cualidades culturales que le son ajenas. Es demasiado para aquella muchacha de Tolosa, hija de un modesto conductor de transporte público.
La suerte (¡!) es que entre entre los peronistas de las últimas décadas, los aliados Menem y Kirchner, han destruido las Fuerzas Armadas argentinas, así que la posibilidad de enfrentar a Inglaterra queda limitada a Twitter. 
Conclusión: las Malvinas son un tema nacional que está siendo usado, como en otros casos,  como coto de caza de una camorra personal para distracción de la plebe. Laclau estará al menos un poquito incómodo de ver que su alumnado aplica la receta de la confrontación contra el país que le dio a él cabida hace más de treinta años pero todo sea para distraer a la gilada de los cortes de luz y de los brutales aumentos en los servicios públicos que dejan al descubierto la maniobra: estaban pensados y listos para aplicarse luego de asegurarse cuatro años más de continuidad política. Las Malvinas son un sonajero para evadir la mirada del rumbo sin rumbo de este barco que comanda Cristina.
Lo de Moyano es infinitamente más preocupante. Ahí también hay una cuenta personal pendiente pero en este caso sí hay con qué presentar batalla, hay intención de hacerlo y, acá viene nuestro problema: después de eso todo será aún peor. Y a su pregunta, le respondo sin vueltas: Sí, podemos estar peor. 
Cuando hace prácticamente un año, en marzo de 2011 escribí "Hay que bancar a Moyano" (http://maria-zaldivar.blogspot.com/2011/03/hay-que-bancar-moyano.html) muchas voces críticas se levantaron. Dócilmente les expliqué que uno no elige las alternativas sino entre las alternativas que la realidad nos ofrece y que, como la opción Moyano o Churchill no existía, íbamos a tener que elegir entre el sindicalismo que tanto conocemos y el peronismo terrorista que  tanto deberíamos recordar. También dije por entonces y lo mantengo ahora que el “no me quedo con ninguno” es como hacer trampa porque la opción “Otros” en la que entraría la posibilidad de abstenerse, tampoco existe. 
Me cansé de repetir que quienes achacan la responsabilidad de lo que nos pasa a la oposición estaban equivocados porque que no haya buenos candidatos no mejora la performance del kirchnerismo  ni lo convierte en una opción votable. No hay una oposición interesante ni digna. Es verdad. Pero el kirchnerismo sigue siendo una calamidad; entonces, ¿cuál puede ser la proporción de votantes que, sin candidato preferido, apoyaron a Cristina y por qué habrían de hacerlo? Es como suponer que un hombre se va a casar con otro hombre porque no encuentra la mujer de su agrado. Ridículo o es kirchnerismo vergonzante (como hay homosexualidad vergonzante) 
Volviendo a las elecciones que la realidad nos impone, en la vida casi todo es una cuestión de timing pero en la política, mucho más. Scioli ha sido un sobreviviente, un monje tibetano de la paciencia, un tolerante hasta la humillación, un vivo argentino que se bancó iniquidades por permanecer. Y permaneció; brillante para su objetivo de estar; haciendo la plancha pasó de heredero de una empresa en quiebra a vicepresidente de la nación y dos veces gobernador del principal distrito argentino. Sólo descuidó la evaluación del timing. Las variables no eran muchas: que los k no lo quisieron nunca y que Cristina se la tenía jurada, detalle del que Scioli tuvo un adelanto cuando lo vapuleó desde su banca de senadora. Pero como a diferencia del gobernador, Cristina tiene una gran habilidad para manejar los tiempos, lo toleró hasta sacarle todo el jugo que necesitaba de él. Fue así que lo puso a encabezar la fórmula de la victoria: la presidente sabía que los votos del conurbano la volverían a sentar en el sillón de Rivadavia y hasta 2010 Scioli y su buena relación con el sindicalismo le garantizaban ese caudal.
Ese fue el momento de Scioli y de Moyano. Ambos tuvieron en ese instante la posibilidad del portazo ya que las desinteligencias de la muchachada K con ellos eran un secreto a voces. Y ellos optaron. Colaboraron en el triunfo del Frente para la Victoria y se jugaron su última carta. Hoy, cercados y debilitados, atraviesan el procedimiento peronista clásico de la termita humana. Se los están comiendo a mordiscones, aislándolos de sus ex aliados y llamando al juego de las deslealtades que tan bien juega el peronismo. No por nada con Néstor se dejó de festejar el 17 de octubre. 
Hoy el kirchnerismo los empuja a los dos y los pone en una disyuntiva de final infeliz cualquiera sea el camino que tomen. Si se juntan frente al enemigo común, pierden y si se quedan uno en cada rincón, también porque es el juego de las debilidades. Ala dupla Moyano-Scioli padece en política interna lo que le pasa a la Argentina en política exterior: sus aliados son puros cuatro de copas. 
Por eso mientras unos velan sus armas, otros consiguen la SUBE y otros escuchan la cadena nacional, usted asegúrese de tener el pasaporte al día.

enero 29, 2012

La cola está servida

Bastó la mera promesa de una rebajita en el precio del transporte público para encolumnar a  la sociedad argentina en una fila interminable, como la que hacíamos en el colegio aunque mucho más larga y a una edad en la que ya no es tiempo de disciplinarnos.  Horas y horas improductivas insumió el público argentino sin lamentos ni reproche, bajo el calor abrasador del verano porteño. Mientras tanto, mansos y no buenos, pasaban frente a sus narices y sus ojos impávidos los temas que ninguna sociedad hubiese tolerado: el cierre de las importaciones en pleno siglo XXI y el consiguiente malestar (que no será gratis) provocado en los países vecinos a quienes decimos adorar; los largos y repetidos cortes de luz consecuencia de la política oficial de pertinaz desinversión; los planes de reforma constitucional con el objetivo de tener kirchnerismo para rato; la pavorosa sequía que castigó el 80% de la cosecha y que se traduce en pérdidas varias veces millonarias para los productores pero también para el Gobierno que, vía impuestos, se queda con una interesante porción de sus ganancias; la enfermedad de la señora Kirchner tratada al estilo presidencial: como un conventillo; el índice de inflación que sigue arriba del 20% anual; la estadística de seis policías muertos en veinte días (lo que hace un promedio de uno cada tres días) y las declaraciones oficiales patoteriles sobre Malvinas sumadas a la designación de una azafata súbitamente (por no decir “nueva”) rica para representarnos ante una de las sociedades más conservadoras de Europa.

En verdad, nada me importa menos que lo que piensen o el mal trago de los ingleses cada vez que deban sumar a la aeromoza a los ámbitos que así lo requieran. Al fin y al cabo, es la misma Inglaterra que supo encantarse con la minifalda de Zulemita y el revoleo del protocolo que hizo su encantador padre cuando juntos visitaron a la Reina allá por los ´90. Churchill ya les había avisado lo que es el peronismo de modo que ahora no hicieron más que cometer el mismo error que muchos argentinos: desoir y creer que hay diferentes peronismos.

La designación de Castro agrede a los argentinos porque es un clarísimo mensaje hacia nosotros. Como agreden los demás devenidos diplomáticos K: Twitterman (menos locuaz que antes por las redes sociales pero igualmente desafortunado), Patricia Vaca Narvaja, Argüello o Balza. La vergüenza está en que se pueda nombrar personas tan escasamente  calificadas en la certeza de que nadie se inmutará. El bochorno es peor hacia adentro porque habla del gobierno, por supuesto, pero también desnuda a una sociedad sin reacción, o sin pudor.

Mientras todo esto ocurre, la gente hace cola para obtener su tarjeta para viajar baratito en colectivo. Es que la Argentina se ha vuelto baratita y no precisamente en sus precios. Como las colas no difieren unas de otras, uno tiene que acercarse y preguntar para qué es cada una. Porque hemos visto similares frente al consulado español para conseguir la documentación europea, y otras no menos voluminosas en las paradas de colectivos cuando hay paro de subtes o de trenes. Las únicas distintas son aquellas que hacemos hace más de un año para cargar combustible porque, por lógica, en esas estamos sentados en nuestros autos. Ahí hay que preguntar si hay nafta o sólo gasoil.

Por eso, cuando algunos arriesgaron que pronto vendrán las colas del racionamiento, no sonó demasiado exagerado porque esos fueron maltratos que las sociedades no incorporaron súbitamente sino de a poco, como en la Argentina, estando algo peor cada día. Así fue en Rusia, en Cuba y en Venezuela. Bajo esos regímenes opresivos la población ve una cola y aún sin saber qué se vende o reparte, se detiene pues tales son sus carencias que cualquier producto que se consiga es bienvenido. El público necesita tanto lechuga como medias. Y festeja conseguir lo que sea.

Hoy en la Argentina no podemos elegir libremente qué libros, películas, comestibles, ropa, esencias, cosméticos, electrónicos o autos comprar. Tampoco podemos celebrar contratos privados sin el control del estado. No podemos decidir en qué moneda comerciar ni qué, ni cuánto ni cómo. No podemos. Esas son algunas de las libertades que hemos perdido a manos de la actual administración. Hoy, merced al control de importaciones con que el “Príncipe” para la Presidente Kirchner o sea el iletrado secretario Moreno pretende evitar la fuga de divisas, empezaron a faltar insumos básicos así que, además de repuestos para los autos de alta gama, ya escasean hasta ciertos medicamentos.

A ver si en este contexto alguien puede sostener que resulta descabellado imaginar racionamiento masivo de alimentos a mediano plazo.

enero 09, 2012

¿Cuestión de Estado?

La historia de los blogs, modalidad de periodismo amateur que nació en Estados Unidos hace algo más de diez años, cuenta que surgieron como una suerte de control de rigurosidad sobre la prensa gráfica. Varios hechos precisos donde blogueros independientes cuestionaron información reproducida por grandes diarios dieron como resultado una explosión a favor del prestigio de esos sitios que de repente ponían en jaque a periodistas tradicionales cuyas firmas habían representado palabra santa durante décadas. 

Los blogueros se permitieron dudar de la veracidad de ciertos datos y sus intervenciones llegaron a provocar resonantes renuncias cuando pusieron blanco sobre negro gruesas inexactitudes publicadas y hasta algún fraude fotográfico. 
En los países en  los que la libertad no abunda, como en Cuba, o en aquellos donde la concentración de los medios de comunicación pone la diversidad de opiniones en segundo plano, como en Argentina, los blogs son un soplo de aire fresco para el sistema e invitan a mirar los temas desde ópticas diferentes. 

La crisis que viene generando el gobierno k tras empujar la sanción de una ley que embreta  a los medios de comunicación para que no digan lo que disgusta a las autoridades, ha puesto en emergencia la frágil estructura de información existente en el país y a sus tímidos mandamases que resultaron leones herbívoros frente al canibalismo oficial. Los poderosos multimedios no lucen tan poderosos y parecen atinar a poco.Las críticas a lo que veían mal se moderaron y espaciaron, y las columnas que  incorporan sobrevuelan la coyuntura pero evitan el enfoque de nuestro verdadero problema: la raíz autoritaria del gobierno que va contagiándose a la sociedad. 

La invitación a pensar, entonces, escasea desde las publicaciones en "letra de molde" como le gusta decir a la presidente Kirchner pero abundan, por suerte, en el ciberespacio. Desde esa butaca virtual, entablamos un debate imaginario con Carlos Pagni respecto de su nota sobre la salud de Cristina Kirchner que reproduce el diario La Nación en su edición del lunes 9 de enero. (http://www.lanacion.com.ar/1439001-hubo-una-mala-praxis-del-gobierno)
Más allá del error o no del diagnóstico sobre su enfermedad, (si ese fuera el caso, al fin y al cabo, errar es humano) me genera alguna incomodidad el planteo que hace el columnista dando por cierto que la salud de un presidente es cosa de interés público y que, como tal, tiene la obligación de cuidarla y de la mejor manera. Acto seguido, relaciona los fallidos en el diagnóstico presidencial con el profesional que se encuentra a cargo de la salud de la primera mandataria preguntándose si serán las manos adecuadas en las cuales depositar dicho bien público.  
Del comentario se desprende, entonces, que el mandato popular vendría a limitar el libre albedrío de los presidentes que no gozarían del derecho, como cualquier otro individuo, de elegir cómo y con quién atenderse.  
Pagni plantea que el médico de cabecera de la presidente es el mismo de su marido, de cuyos problemas coronarios todos supimos; sería opinable achacar el desenlace a la destreza profesional de su médico pero, aún así  ¿es exigible que Cristina Kirchner, la persona, abandone a su médico de confianza porque su salud es "de interés público"? ¿No tiene un presidente la libertad de elegir su médico como lo hace todo ciudadano? Además, en ese caso se abriría un capítulo incierto: ¿Quién debería determinar cómo se nombra a la o las personas para esa tarea y quién determinaría la expertiz aceptable?  
Desde un punto de vista estrictamente filosófico, un liberal dirá que la salud de un mandatario no difiere en importancia de la salud del resto de los habitantes de un país y que todos, uno y los otros, gozan del mismo derecho de decidir sobre sí mismos y eso, incluye la selección de los profesionales de la medicina que cuidan de sus personas. Distinto es reclamarle por el nombramiento de autoridades; sí es una cuestión de estado (aunque, paradójicamente, no se lo suele considerar de ese modo) la idoneidad de quienes ocupan los ministerios y demás espacios de decisión porque desde esos lugares influyen en la vida cotidiana de los habitantes, en sus bienes y sus destinos. 
Pero la salud presidencial no es una cuestión de estado. Sostenerlo recorta de manera arbitraria la libertad del funcionario y sigue alimentando en una población suficientemente catequizada en socialismo, la peligrosa noción de la existencia de un status superior al individuo que tiene derecho, facultad y potestad para decidir por él.

enero 06, 2012

Enero o Agosto?


Aunque estamos transitando la primera semana del año, la realidad que nos convida nuestra clase política agobia de tal manera que no parece enero sino agosto. Arrancamos el domingo con un gobernador aparentemente asesinado por su mujer, un intendente perdido con rumbo desconocido, los últimos instantes de la tiroides de Cristina Kirchner, el aumento del 125 por ciento en el costo del pasaje de subte, el sapo que sigue masticando el Jefe de Gobierno tras el abrupto traspaso sumado al gesto de sorpresa que no han podido borrar de sus rostros  los funcionarios porteños (continúan sin metabolizar los modos del kirchnerismo), ocho heridos graves en un accidente ferroviario por completo evitable (después de casi una década de trenes subsidiados por imperio de la beneficencia oficial con el dinero ajeno, los pasajeros siguen viajando como ganado) y el supuesto suicidio de un ex diputado peronista por Entre Ríos. Sacando esta breve reseña, nada más.

Agregar a la lista los manteros de la calle Florida sería una imprecisión porque es una cuestión que se arrastra del año pasado, aunque la evolución del proceso merece una reflexión: el gobierno local prometió erradicar ese engendro de comercio ilegal que creció a la vista impasible de los tres poderes del estado porteño que intentaron sacarlos y, ante la lógica resistencia del puñado de perjudicados, se echaron atrás con la decisión.
La policía de proximidad, ese amorfo inventado en la Ciudad de Buenos Aires que no termina de encontrar su lugar en el espacio porque no es ni chicha ni limonada, tampoco pudo desalojarlos pues para un operativo de esa envergadura necesita el apoyo de la Federal y la Federal, está claro, jamás va a estar dispuesta a colaborar con Macri.  Conclusión: los manteros siguen allí y en lugar de suprimirlos, el macrismo hizo con ellos lo mismo que el peronismo con los pobres: los multiplicó pues en lugar de integrarlos a la economía formal y transformarlos en comerciantes, cientos de comerciantes ahora son manteros. Reacción lógica, por otra parte, porque si el estado protege la informalidad, la incentiva y por ende se vuelve legítimo combatir la competencia desleal instalándose en plena calle, al lado de los privilegiados por el régimen.
Vaya este comentario para quienes todavía alientan alguna mísera esperanza en “Mauricio Macri 2015”. Si la ley establece que “el que puede lo más, puede lo menos” cabe preguntarse qué pasa con el que no puede ni  lo menos.
A fin de año nos enteramos de la incorporación de Emilio Monzó al equipo PRO, un ex operador de Daniel Scioli con quien Macri sueña hacer buenas migas en aras de ampliar su horizonte político en el distrito más numeroso del país. Lo que el Jefe de gobierno porteño no ha entendido aún (y parece que su estrecho núcleo de cerebros tampoco) es que el peronismo no le va a ceder jamás “un tranco de pollo” diría la presidente. El peronismo no comparte el poder adquirido; es más,  no le tiembla el pulso en quedarse con el que consiguen otros así que más vale que se afirme en su silla. Monzó arrancó su “armado nacional” tropezando en Tigre con el peronismo que rodea al intendente Massa y desde entonces no volvió a asomar la cabeza.
El otro error garrafal de Macri es creer que el operador político se compra hecho y eso lo lleva a depositar en el elegido sus expectativas de crecimiento, fronteras afuera del PRO.
Un militante aprende rápido que en cualquier partido político el cargo no hace a la persona sino al revés. La pertenencia al peronismo es un respaldo en sí mismo, pero creer que el peso adquirido en ese hábitat es propio es una equivocación que se paga cara. Monzó fue Monzó mientras “operó” para el gobernador del principal distrito del país. Los intendentes lo recibían como tal y sus logros estaban más alimentados por el lugar de donde venía que por quién era. Ahora va a intentar la titánica tarea de establecer diálogo con las provincias pero ha cambiado el remitente; ya no viene de La Plata; ahora es el mensajero de Avenida de Mayo.
Mientras tanto, lo cierto es que el peronismo (k, menemista y duhaldista) hoy está encolumnado tras la gestión de la presidente Kirchner y la búsqueda de una suerte de oficialismo opositor, si existiera, va a requerir de una lupa más que de un operador.
Claro que la vida no es una foto pero por ahora el peronismo sigue acaparando los papeles protagónicos, los de reparto y hasta el relleno. Como quien juega a la perinola, alguien ha cantado “Toma todo”.

diciembre 23, 2011

Pobre Santa!



Esto sí que se pone complejo. Y oscuro. Prácticamente ya no quedan caretas puestas. Se han caído todas.  Cristina Kirchner picó en punta cuando, entre los festejos por su triunfo en las elecciones de octubre de 2011, nos revoleó la quita de los subsidios con los que consiguió su reelección. La lista de pendientes que acumulaba en su Vuitton obtuvo trámite rápido y las medidas salieron una tras otra como trompada.

Su careta y la de su flamante vicepresidente que, con sonrisa indeleble dejó el camino arado al sucesor, se apilan con las de los empresarios que, uno a uno, formaron fila para succionarles las medias y apretarles la mano, en ese orden.

Del Congreso cuesta hablar. El mero hecho de describir la conducta o inconducta de los esbirros rentados que mantenemos allí adentro por centenas carcome la dignidad. Es un espectáculo vergonzoso, una galería y rejunte de farsantes, oportunistas, arrastrados e ignorantes salvo honrosas excepciones que, por aisladas, no modifican la estadística sino que confirman la regla. El Congreso Nacional es un espejo que nos devuelve el exacto contorno de nuestra sociedad. Que nadie se haga el distraído y balbucee con cara de sorprendido: “¿Yo, señor?”. Pues Sí, señor: ese amontonamiento de diputados, senadores, asesores, secretarias, beneficiados y ñoquis que aceptan conformar una suerte de asociación ilícita para despilfarrar anualmente casi tres millones de pesos por legislador, no son más que una muestra en escala de aquello en lo que nos hemos convertido. Ellos, elegidos por nosotros, no son peores que nosotros en conjunto. Parvas de caretas legislativas se hicieron trizas contra la realidad en los últimos años y eso los ha dejado expuestos con su hipocresía y sus miserias a la intemperie. La de Carlos Menem al caer fue una de las más ruidosas. Durante su primer mandato, el “Turco querido” de muchos antiperonistas se encargó, entre otras cosas, de convertir los medios de comunicación en un bruto oligopolio privado repulsivo para cualquier individuo que respete la libertad. Pero con su voto a favor del reciente proyecto oficial de controlar el insumo básico de los medios escritos, perdió algo más que la careta.
Justo es reconocer que el “rush” legislativo del último día no es invento K; lo practicaron todos las cámaras adictas porque no son adictas a una administración sino a sus privilegios de casta, de modo que votar lo que le viene bien al gobierno de turno es afianzar el sistema en el que todos ellos se benefician. Hoy es otra vez la emergencia económica, paradójica necesidad para el país de ensueño que describe la presidente, pero de esa delegación gozaron casi todos los anteriores, cada uno con su excusa.

La maratón de las leyes, una de las pocas tradiciones que conserva la Argentina, se corre los últimos días de diciembre y la canasta navideña de este año viene completita: una ley de tierras antidiluviana, delegación inconstitucional de funciones al Ejecutivo, zarpazo a la caja de peones rurales, nacionalización/expropiación del insumo papel para diarios, un “pito catalán” masivo a la Constitución Nacional y a los tratados internacionales a los que adherimos y alguna que otra nadería. 

Es lógico que mientras esas cosas pasaban la gente estuviera por millones viendo llorar a los empleados de Tinelli. Aquella manga de crápulas que durante el año se rascaron a cuatro manos y prácticamente no sesionaron, son los mismos que votaron una ley de primarias que sella este círculo vicioso y viciado. Esa norma le pone un candado a la política y asegura que ningún independiente sueñe siquiera con llegar a ocupar espacios desde los cuales sea posible cambiar el sistema. Bravo por ellos, porque entre todos y haciendo la parodia de que se pelean, si con la lista sábana nos tenían empaquetados, ahora con la ley de primarias nos pusieron el moño. Ya tenemos garantizada la reelección indefinida de los mismos de siempre y/o sus secuaces.
También tenemos garantizada la monocromía de ideas. No se entiende la devoción del gobierno por controlarlo todo pues estos años quedó demostrado que ni la oposición se juega por sus convicciones, si las tuviere, ni el público se lo reclama. No logro decidir quién fue más apático de los dos.

Lo cierto es que, ante la eventualidad de que alguien se despertase y pusiera reparos al autoritarismo reinante, se sancionaron leyes de enorme riesgo institucional que garantizan problemas a quien se atreva a expresar disidencias. No es que los argentinos tuviéramos en la prensa nacional un semillero de cuestionadores implacables pero ahora no va a haberlos por imperio de la ley. Acallar el pensamiento crítico es un mandato genético de todas las dictaduras y ésta no quiso escapar a la tradición.

Cuando Perón atropelló a “La Prensa” la batalla fue campal. En el país, medio siglo después de consumir peronismo, todo es más berreta, más tibio y más parcial. Por eso hoy, el kirchnerismo y sus aliados (recordemos siempre que no lo hicieron solos) tienen enfrente sólo un puñado de camaleones.

Cada vez que el titular lo requería, el "gran diario argentino" no hesitó en tergiversar, omitir y reinterpretar la historia. Debe ser por eso que ahora, que la arbitrariedad les toca de cerca, hay tantos espectadores satisfechos con el mal momento que atraviesan.

No es q esté bien que los persigan pero es humano no lamentar los conflictos de quienes no pocas veces se apartaron de su misión primaria. Fueron muchos los q padecieron arbitrariedades varias y que no lograron conmover a Clarín ni a La Nación. Fueron muchos los silencios y las posturas capciosas. En lo personal, qué suerte haber sido coherente! Qué suerte haber seguido la tradición familiar y tener un pasado periodístico orgullosamente ligado a “La Prensa”, el referente indiscutido de la defensa de la libertad. Qué suerte no haber sucumbido a la tentación en la que cayeron Clarín y La Nación de pactar con el poder de turno para obtener privilegios. Qué suerte no haber pertenecido a medios involucrados con pactos espurios, sea por insumos como el papel para diario o de dinero en efectivo por publicidad oficial. Qué suerte!

Es probable que el vendaval autoritario se lleve puestos a antiguos socios. La tradición política está plagada de esos ejemplos. "Donde la justicia no existe, es peligroso tener razón ya que los imbéciles son mayoría" dijo Quevedo y huelgan agregados.

¿Quién podrá defenderlos ahora que nos hemos transformado en una sociedad  en la que no importa tener razón sino tener amigos con poder y donde el poder vigente es esencialmente maniqueo y crematísticamente corrupto?

La justicia es un capitulito aparte. ¡Qué poco duró la alegría de los cambios que creímos haber introducido en los ámbitos de control! Alejandro Fargosi hizo campaña denunciando los atropellos K al deber ser y en la primera oportunidad, votó con ellos  para ampliar la planta permanente de jueces adictos. Eso sí, contó con el inestimable apoyo de Federico Pinedo que, como su antiguo compañero de colegio, sabía bien a quién estaba defendiendo.

Tras este somero raconto se hace difícil desearles una Navidad feliz y casi peor, un 2012 con expectativas. No me salió un saludo navideño clásico pero, qué quiere que le diga, para lavarle el cerebro, están las autoridades. 

diciembre 16, 2011

Dada la vigencia del análisis que hice hace 9 meses, reproduzco la nota en la que vislumbraba el enfrentamineto que hoy es ostensible

marzo 18, 2011


Hay que "bancar" a Moyano


Antes de borrarme de su pantalla termine de leer esta nota. Y reflexionemos juntos.

Los argentinos, siempre tan afectos al espejo retrovisor, quieren encontrar en el presente enfrentamiento entre popes del actual gobierno, semejanzas con lo sucedido a comienzos de los ´70. Puede haberlas aunque lo más significativo de todo es que los peronistas en particular y los argentinos en general, no hayamos aprendido nada de tan lamentable porción de nuestra historia reciente.
Cuando el general Perón quiso disciplinar a los terroristas que cálidamente había prohijado en el seno de su movimiento y ellos se rehusaron por considerar, legítimamente, que habían colaborado de manera decidida y explícita con su vuelta al país, la pelea de fondo fue el poder. Tal vez acá haya una semejanza. Hoy también dos ramas del mismo árbol tironean por lo mismo. Vuelve a haber dos bandos peleándose por el poder absoluto.
Sin embargo, lo que sigue es la gran diferencia que anuncia, por ahora, final abierto para la disputa. En una esquina, el sindicalismo, que fue siempre “la columna vertebral” del movimiento; en el otro, la izquierda radicalizada, que supo crecer y reproducirse compartiendo techo con los gremialistas aunque sin guardarse la más mínima simpatía mutua.
En el ‘73 los terroristas se plantaron exigiendo más espacio y el reconocimiento público de su existencia, mientras que el sindicalismo estaba “adentro”, era parte de la administración del estado y su legitimidad no era puesta en duda. Hoy, los tantos están al revés: los terroristas de entonces más sus simpatizantes son el gobierno y desde ese lugar de privilegio intentan “marcarle la cancha” al “movimiento obrero”. ¿Podrán? ¿Se dejarán los involucrados?
La disolución, aplastamiento y desguace de las fuerzas armadas y de seguridad contó con la anuencia de sus miembros. La pregunta es si el sindicalismo permitirá que sus huestes corran la misma suerte que los uniformados en manos de quienes tienen en mente para ellos igual destino.
Otra diferencia salta a la vista: se dieron vuelta los tantos; los que antes pugnaban por entrar ahora son el gobierno y los que estaban adentro, quieren ser echados a empujones después de la innumerable cantidad de servicios que prestaron a la corona.
Entre los contendientes que velan sus armas, estamos el resto de los habitantes que inexorablemente padeceremos las consecuencias del enfrentamiento. Es muy probable que la mayoría rechace a ambos porque unos importaron una violencia inaudita e innecesaria y porque los otros han tejido un adiposo poder arbitrario y antipático para beneficio de unos pocos. Pero la vida nos pone frente a ciertas alternativas y la libertad no está en elegirlas sino elegir entre ellas.
Es de esperar que el público espectador no consuma el magnífico envoltorio que trae este conflicto. Ya se ha escuchado decir a furiosos anti-kirchneristas “En ésta estoy con Cristina” como si la pelea de fondo fuera ella contra Moyano. No señores; la pelea de fondo es el terrorismo contra el sindicalismo. Y porque son dos opciones espantosas es que se hace tan difícil decidirse por una. Tal vez sirva recordar la historia e imaginar la terrible disyuntiva que enfrentaron los aliados cuando el enemigo era Hitler y el mal menor, Rusia. La historia y la vida están llenas de ejemplos en los que no hay una solución perfecta y se necesita optar por el mal menor.
Hoy, la alternativa “ninguno de los dos” no está. Hay que elegir entre unos o los otros y para eso es preciso ser memoriosos y recordar la conducta de unos y de los otros. Y optar por el mal menor. Al menos eso sería una forma estratégica de decidir, en lo que cada uno le toca, el rumbo futuro. De otro modo es como votar en blanco. Habría que pensar en los males y los daños que ambos aportaron.
El sindicalismo ha sido, por esencia, corporativo; negocian hasta la extorsión mientras usan a sus representados para “apretar” al gobierno de turno. Hacen negocios, limpios y de los otros tantos como el poder político y el empresariado les permita. Esencialmente, corromper es el mayor aporte que han hecho en su larga existencia. Corrompen todo lo que pueden. Como Perón, nunca demostraron rechazo visceral por las instituciones ni detestaron a fuerzas armadas; las pisotearon cuando se cruzaban con sus negocios pero no por mandato filosófico. Su ideología, como la de Perón, es el dinero.
El terrorismo nacional se crió a la sombra del modelo cubano; admira los autoritarismos de izquierda y “banca” a los dictadores que lo defienden. No les tembló el pulso en empuñar armas para imponerse y, tratándose hoy de los mismos personajes que en los ´70, es muy posible que aún siga sin temblarles el pulso a la hora de armarse contra otros argentinos. Como su admirado “Che” Guevara, mataron para imponerse y, tratándose hoy de los mismos personajes que en los ´70, es muy posible que aún piensen en matar para imponerse. Sintieron rechazo por la organización social vigente en el país desde 1853 al punto de intentar, a los tiros, modificarla y, tratándose hoy de los mismos personajes que en los ´70, es muy posible que aún sigan abrigando idéntica esperanza. Odiaron, persiguieron y asesinaron y, tratándose hoy de los mismos personajes que en los ´70, es muy posible que aún sean capaces de la misma conducta. Detestan la libertad, el pensamiento independiente y el disenso. Su ideología es marxista.
Llegado este punto, mi historia personal y mi militancia antiperonista me avalan para decir, sin temor a los rótulos que suele encajar el público con cierto apuro, que me quedo con Moyano.